Joana León

Es algo común que en una revisión de nuestras analíticas nos pueda decir el médico que tenemos el colesterol alto. En algunas ocasiones, el doctor nos puede recetar medicamentos para mejorar los niveles, o a veces, si no está demasiado alto, nos sugiere mejorar nuestra alimentación y nos manda a casa con unas recomendaciones.
Al ser algo habitual (todos conocemos a alguien que ha tenido el colesterol elevado), puede que no le demos mayor importancia y no consideremos que es un problema serio. Sin embargo, es importante prestar atención a nuestros niveles de colesterol, ya que pueden revelar mucho sobre nuestra salud cardiovascular, siendo un factor de riesgo para desarrollar enfermedades cardiovasculares.
¿Sabías que en España las enfermedades del corazón son la segunda causa de muerte por enfermedad?
Pero comencemos por el principio, ¿qué es el colesterol, y a qué llamamos “tener el colesterol elevado”?
El colesterol es una sustancia grasa esencial para muchas funciones del organismo -forma parte de las membranas celulares y de las hormonas-, pero cuando se acumula en exceso en la sangre, se deposita en las paredes de las arterias.
Se considera colesterol alto (hipercolesterolemia) una elevación de los niveles de colesterol total en sangre por encima de los valores recomendados, generalmente 200 mg/dl, o colesterol LDL ("malo") por encima de 130 mg/dl.
Una vez el colesterol llega a las paredes de las arterias, se oxida, dando lugar a un endurecimiento y estrechamiento de los vasos sanguíneos (aterosclerosis). Esto puede provocar dificultades para que la sangre pase por las arterias, y si los tejidos (por ejemplo, del corazón) no reciben suficiente sangre, las células mueren y se puede producir un infarto, o si estos depósitos de colesterol (placas de ateroma) se fragmentan y se liberan hacia la sangre, pueden provocar trombosis (dando lugar a un ictus, por ejemplo). Si a todo ello le añadimos hipertensión arterial (Lee mas aqui), los riesgos se multiplican, ya que la tensión elevada puede ayudar a desprender estos depósitos de colesterol.
Lo que hay que tener claro es que cuanto más elevados tengamos los niveles de colesterol y durante más tiempo, más colesterol habrá depositado en nuestras arterias, y más aumentará el riesgo de enfermedades del corazón.
Afortunadamente, a través de nuestra alimentación y estilo de vida podemos mejorar sustancialmente estos niveles, en muchos casos incluso sin necesidad de medicación. De hecho, siempre el primer tratamiento para la hipercolesterolemia debería ser dietético, y reservar la medicación para casos en los que estos cambios no sean suficientes.
Nuestro objetivo será bajar el LDL ("malo") y subir o mantener el HDL (colesterol "bueno"), además de llevar una alimentación rica en antioxidantes para retrasar su oxidación.
Sobre todo, el factor que más influye es el consumo de grasas saturadas y trans, ya que aumentan los niveles de colesterol malo, por lo que será prioritario disminuir su consumo. Generalmente estas grasas se encuentran en productos de origen animal (como carnes o queso), grasas vegetales tropicales (palma, palmiste, coco) y procesados. En su lugar, preferiremos grasas insaturadas, que encontramos en vegetales y pescado.
Además, la fibra soluble (como las pectinas de las frutas o los betaglucanos de la avena) y los esteroles vegetales (nueces, soja, semillas) pueden ayudar a disminuir la absorción de colesterol, además de que son alimentos ricos en anitoxidantes.
Aumentar la actividad física regular incrementa los niveles de colesterol bueno y disminuye el riesgo. La Asociación Americana del Corazón recomienda al menos 150 minutos semanales de ejercicio aeróbico moderado (caminar rápido, nadar, montar en bici), para reducir el riesgo cardiovascular.
El exceso de grasa corporal también tiene relevancia, incluso se ha visto que lograr una pérdida de peso de solamente el 5% de nuestro peso, puede ayudarnos a mejorar nuestras analíticas, especialmente si hablamos de grasa visceral.
Otros factores que pueden influir y debemos evitar son el alcohol, y el tabaco.
En resumen, desde Nexia Clinic recomendamos y guiamos a nuestros pacientes para lograr cambios en su alimentación y estilo de vida, aumentando el consumo de frutas, verduras, legumbres, frutos secos y cereales integrales, y reduciendo el de carnes rojas, embutidos, lácteos grasos (quesos, mantequilla), productos ultraprocesados y bollería.
Si te interesa conocer más, y aprender a combinar los alimentos de forma que optimices al máximo tu salud cardiovascular, ven a conocernos!
